19 abril, 2017

¿Dónde está el punto intermedio?

Me hace mucha gracia cuando unos tiran de la cuerda hacia un lado y otros tiran hacia el lado contrario en lo que a temas laborales se refiere, porque ambos bandos aseguran que lo hacen para mejorar la calidad de vida del trabajador español. Los de izquierdas atacan a los de derechas diciendo que sólo velan por la seguridad del empresario y los de derechas critican a los de izquierdas asegurándoles que si benefician demasiado las condiciones del trabajador se perderán muchos empleos, ya que los empresarios tendrán miedo a contratar. Al final “la casa sin barrer”.

No os voy a decir cuál es mi punto de vista porque realmente creo que, idílicamente, ambos tienen parte de razón. El problema es que los extremos nunca han sido buenos y en España eso de los puntos intermedios no funciona porque somos muy pillos y siempre intentamos poner un pie más cerca de nuestro propio interés que del punto central.

Lo que sí sé es que no es justo que un trabajador que lleva 10 años en una empresa se vea con una mano delante y la otra detrás sólo porque su jefe así lo ha decidido, sin tener protección ninguna, igual que no es justo que un empresario tenga que abonar la cantidad de impuestos que abona actualmente por cada empleado que tiene. Al final, ni el empresario ni el empleado ganan, sólo gana el Estado, y a veces ni eso.

Un tema peliagudo

Actualmente sólo si tu despido es declarado improcedente o nulo es cómo conseguirás un beneficio que, en ocasiones, te correspondería en otros países, pero la culpa de no es del empresario, es de las leyes. Aunque los trabajadores no se lo crean, a veces el empresario estaría encantado de hacer las cosas de otra manera pero es imposible. Por ejemplo, para que una auxiliar administrativa gane 1000 euros al mes, un sueldo pequeño pero válido, el empresario ha de pagar 500 al Estado por lo que, aunque ella sea mileurista, su jefe está pagando por ella 1500 euros. ¿No sería más normal que al menos 1300 sean para la chica? Pero ahí entramos en otro debate que no nos interesa tocar demasiado.

Para que un despido sea considerado improcedente no ha de tener causa, o dicha causa no debe estar contemplada en la ley, o, en el contrato firmado entre las partes. Podéis encontrar más información en despidoimprocedente.org. Para que un despido sea considerado nulo se debe demostrar que el empresario ha despedido al trabajador ilegalmente, por ejemplo, si es una mujer embarazada. Más información en despidonulo.es. En ambos casos hay derecho a una indemnización e incluso a recuperar tu puesto de trabajo, pero si el despido es procedente te pagan 20 días por año trabajado y a la calle. ¿Sabéis cuánto es eso? Pues poniendo el mismo ejemplo anterior de la auxiliar administrativa, si ha estado trabajando durante 10 años ganando 1000 euros y la despiden, se iría a casa con seis mil euros. Puede parecer mucho de golpe pero pensadlo fríamente, hablamos de seis meses de sueldo, si tarda más en encontrar empleo no le quedará nada.

Imagino que ahora estaréis pensando en el paro y estamos de acuerdo, tendría derecho a dos años de paro en los que cobraría una media de unos 800 euros al mes pero, en mi opinión (que no tiene por qué ser la vuestra), el paro debería ser siempre la última opción. Pensad que si todos recurrimos al paro no quedarían fondos en España con los que hacer frente a nada más y, además, tampoco habría ingresos que rellenaran las arcas.

Obviamente nadie quiere estar en el paro, todos preferimos estar en activo, pero si acabamos sin trabajo ¿no sería mucho mejor poder vivir de nuestro finiquito hasta encontrar un nuevo empleo y sólo en última instancia recurrir al paro? Ahora bien, esto está mirado desde un punto de vista del empleado pero ¿y el empresario? Tal vez a una pequeña empresa le suponga la quiebra tener que despedir a alguien porque no puede pagarle el finiquito que le corresponde y, si eso ocurre, se irá al paro mucha más gente, no sólo uno… así que ¿dónde está el punto intermedio? Yo lo desconozco, ¿y tú?